lunes, 31 de marzo de 2014

Elección de colores ( 2 )

J: Buenos días, mañana recordaré vía mail a la empresa para que lleve el muestrario de colores. Y si pudiera llevar más, pues mejor. En efecto, las muestras de la foto son bastante claras y no se diferencian tonalidades. A no ser que las hayas hecho con el flash a dos metros de distancia. Ya me había dicho Luis que pasó y vio también las muestras muy apagadas. No obstante, no descartes alguna pintada, grafiti ó similar.
Ayer, cosa poco frecuente, no encendí el ordenador al llegar a casa. Además me fui a hacer un poco de deporte. Tocaba frontenis. Del comienzo de tu correo, te recuerdo que sigo en tratamiento respecto del mal de timidez que me diagnosticaron y poco a poco lo voy superando con psicólogos, terapias de grupo y medicación ligera. Para la pregunta en concreto, no tengo respuesta, creo entonces que no estoy avanzando con el tratamiento, sino que voy hacia atrás.

Yo: Hola de nuevo deportista, qué tal el frontenis? Es similar a la pelota vasca, ó navarra ó de la denominación que sea? A mi padre le gusta verlo en tv y me parece de lo más aburrido. Lo malo de darle vueltas al tema de color es que así la obra nos va a durar una eternidad. No van a cumplir el plazo y luego las últimas partes a realizar van a ser a la carrera. En ese caso será la terraza, encima de mi casa y, chapuzas las justas!. Recuerda que tienen que insonorizar, e impermeabilizar. No, no hace falta que me instaléis barbacoa o similar. Oye, que te vaya bien con el tratamiento y avances poco a poco. Aunque no me creo yo que los avances sean tan pocos. Mera sospecha.
Ah, y la foto la hice con el fono, que no es ninguna pasada, y no la aclaré con fotoshop. Malpensado. Menos mal que ya te había comentado algo Luis que si no, me hubieras tomado por mentirosa y, vale que lo pudiera ser en otros temas, pero en los que atañen a mi presidencia, no. Que tengas buen día de huelga. Procura evitar las manifestaciones y concentraciones que a los pijos se los tiene ganas.

J: El frontenis se juega con raquetas de tenis, en pistas de frontón, pero con pelota más rápida. Se juegan siempre dos contra dos. Es la única manera que he encontrado, por ahora, de tener pareja, lo mismo que en el padel.
Lo que van haciendo en la obra, no está mal. Ha costado meterles en el carril, pero van cumpliendo y realizando lo que se les dice. Siguen teniendo trabajo que hacer, aunque no se aprecia a simple vista. Es preferible una semana más de trabajo pero que quede bien. La otra fachada es más pequeña. Respecto a la terraza de arriba, yo creo que lo mejor es que coloquemos una lona, manita de pintura roja y a salir corriendo.

Yo: Antes de empezar, tú que pareces tan listo, cómo se quita la tinta impregnada en la piel? Estaba yo colgando un cuadro, imagínate la escena: subida a la escalera, martillo en mano, haciendo equilibrio, midiendo a ojo, cuando, para hacer la marca en la pared y saber dónde martillar, he cogido uno de esos rotuladores que una abandona en una cubeta de cuando era universitaria. Al quitar la tapa, suerte que no lo he hecho con la boca, si no con la mano libre que tenía, ha empezado a escurrir toda la tinta azulándome la mano, el brazo, el camisón de satén, la tarima..
En maldita hora se me ha ocurrido a mí cambiar la decoración hoy. Total, tengo la mano azul al completo y tras varias friegas con jabón eso sigue sin salir. Te sabes algún truco casero de esos que hayas utilizado en tu juventud? Ya sabes que la experiencia es un grado!!!! Ni sueñes que en la terraza aceptaremos una chapuza. Te repito que se dónde vives y las rubias a malas somos lo peor. Yo que tú no me la jugaría. Un saludo con la mano azul!


J: Yo iría esta tarde a un spa y dejaría la mano en remojo durante un buen rato e iría frotando hasta ver que la tinta pasa al agua poco a poco. Si eso no te gusta, todo el mundo sabe que la única posibilidad es frotar con alcohol, zumo de limón o disolvente. De todo esto, imagino lo más a mano que tendrás será la colonia. Aplica sobre la zona ese frasco de colonia que ya no te pones. Si, esa que se llama Pachuli, marca de moda en otros tiempos. Si esto no funciona, recurre al spa. El jabón no vale de nada, el disolvente que lleva el rotulador se ha metido en la piel y ahora debes aplicar otro disolvente para sacarlo, tipo los que te he comentado. La consulta son cien euros. Gracias. Más barato que tu veterinario.
La visita sería a las 3.30 pero voy a intentar que sea a las 12.00 y así contamos con tu presencia.

Yo: Pachuli? Pero de qué época es esa marca? No vale "Chispas"?No te jode!!!!
No hay presupuesto para spa, ni colonias caras. Así se queda. Que se vaya quitando con el tiempo. Gracias de todas formas. Me confirmas hora de la reunión cuando sepas algo. Ten buen día, en azul.

J: Buenas tardes, espero que esta mañana te haya llegado correo con la confirmación de la visita para mañana a las 12.00. Como llevas tu disfraz en la mano de pitufo? Has conseguido quitarte la tinta? Me dicen de la constructora que han hecho o están haciendo otras muestras de acabado de fachada para mañana. A ver si se puede decidir color. Saludos

Yo: Hola. Sí, recibí confirmación de visita de mañana. Espero no quedarme dormida y que me de tiempo a quitarme los rulos y las pantuflas. Luego me daré una vuelta por la fachada para ver en qué recóndito sitio han preparado las muestras esta vez. Mañana lo vemos.

viernes, 28 de marzo de 2014

Elección de colores (1 )

J: Buenos días, para esta semana tienes un cometido. Yo pienso que sencillo y para lo que creo estas plenamente capacitada. El tema es que tenéis que elegir entre los dos tonos posibles a aplicar en la fachada. La cosa no puede ser más sencilla. Crema ó beige. Si no hay acuerdo, se decidirá con moneda al aire. Solo recordarte, que vuestro grado de decisión, sumando todos los vecinos, presidente y administrador es del 49%. El 51% restante corresponde a la dirección de las obras. Pero bueno, por no decir que no se os escucha. Saludos.


Yo: Buenos Días, gracias por encomiarme tal cometido. Espero votar por el tono más correcto. Por cierto, mi voto dónde pesará más, en el 49% como vecina o en el 51% como presidenta y miembro de la Comisión? Para ver si elijo en cada votación un color diferente o me centro en uno. Y dónde podemos localizar las muestras? La exposición de colores cuándo se inaugura? Gracias
PD: Por cierto, qué están picando ahora? Desde las ocho de la mañana están pegando golpes. Así no hay quien descanse. Creo que empiezo a hacer maletas. Pásame, definitivamente, la dirección de tu casa. Gracias

J: Buenos días, no has entendido el correo. Te lo explico más despacio: a la comunidad, incluida la presidenta, le corresponde el 49% de decisión. Al arquitecto, el 51 %. Espero hagan las muestras de colores en esta semana. La dirección de mi casa está en la copia de la documentación que te di. Lo que tendré que darte es un juego de llaves.

Yo: Buenos Medios Días, gracias por la aclaración. Pensaba que la dirección de obras era la comisión de obras, pero veo que no. Con estas tonalidades tan claras estamos pidiendo a gritos que vengan tus amigos los grafiteros a que nos deleiten con sus pintadas. No es posible un grado más oscuro? La dirección de obras qué opina? Luego echo un ojo a la dirección de tu Dni y veo si aparece en el Google maps. Para ver cómo llegamos Flecha y yo más rápido. Dónde dices que me dejas la copia de las llaves?

J: Tan solo para que hagas un hueco en tu agenda, este viernes está previsto hacer de nuevo visita de obras, a las 15.30. Si te saltas esta, ya hasta dentro de 15 días nada, ya que imagino harás puente en el fin de semana próximo. Y es que, cuánto llevas trabajando ya seguido sin tomarte unos días de descanso? Quince días seguidos?. Veremos las muestras de color. A ver que tonos dan cuando sequen. Estos productos que vienen ya predosificados dan más garantías de uniformidad en color y acabado, pero permiten solo los colores que están en la carta.

Yo: Adjunto envío foto de las pruebas de color. Para que luego no me digas que no estoy pendiente de los avances. Yo veo el color muy claro. Dejo que opines. Respecto a la reunión del viernes, veré como tengo mi agenda y te comentaré. Te parece?. Se que en cada cita me echas de menos. Por cierto, te apetece adoptar un perro? Te mejoraría el humor y el carácter. Que tengas dulces sueños!!!

J: La verdad es que las muestras, según las fotos, si que parecen demasiado claras. Veremos con el muestrario si se parecen ó es sólo fantasía, y qué otras alternativas nos quedan. Ya veo que te estás tomando en serio los deberes de esta semana. Gracias por el ofrecimiento del perro, pero por ahora no puedo dedicarle el tiempo que necesitaría y para no tenerlo en condiciones, prefiero no adoptar. Creo que ahora, solo podría tener un pez y no me hace ninguna ilusión.

Yo: Me alegro que tu tono irónico se haya atenuado. Ciertamente un perro necesita atenciones y mimos. Y yo tampoco te veo a ti centrado en esa labor, teniendo en cuenta el carácter que gastas y el tiempo que te ocupa tu Laura. Pero bueno, todo se andará. Lo de la idea del pez, no es muy aconsejable, no sea que te contagie su falta de memoria y para qué queremos más. Y sí, las muestras quedan demasiado claras. Para el escenario de una boda, vale, pero para un edificio en este barrio, que precisamente no es noble, yo votaría por una opción más oscura. Insisto.

Yo, de nuevo: Oye, no es por incordiar pero, las nuevas muestras tienen truco? Yo no veo la diferencia.

J: Solo por descartar posibilidades, no habrás bajado ahora a verlo con la luz de las farolas, no?

Yo: Los colores los ví ayer a plena luz del día. Y, ó tengo un problema desconocido en la vista o la diferencia de colores, a mi parecer, es mínima. Así no avanzamos.

J: Le pongo un correo a la dirección de la empresa para que nos hagan muestras más oscuras y que traigan la carta de colores para poder verificar las muestras que aparecen.

Yo: A ver si luego puedo hacer una foto al nuevo muestrario y ves tú la diferencia.

J: El muestrario lo tienes tu? Pensé que lo tenía la empresa.

Yo: No, el muestrario lo tiene quien lo tenga. Me refería al nuevo muestrario realizado en la pared para apreciar las diferencias. Ahora el rubio pareces tú. No te enteras.

J: No, si yo lo que pensaba, era que ibas a hacer una comparativa completamente eficaz y definitiva, poniendo el muestrario que nos enseñaron y las muestras que están sobre la fachada. Te mando la foto que hice en la visita del otro día. Ponte las gafas que aún no tienes y verás que al menos diferencia de tonalidad si que se aprecia.

Yo: Ayer hice yo una foto y ahí no está el color ocre que yo elegí. Son todos casi iguales. No me gustaría tener que elegir una sin haber tenido un muestrario donde elegir. Creo que el importe total de la obra no es como para elegir un tono al tuntún, porque no queda otra. No crees?

J: Si le preguntas a los operarios te comentarán que en las otras muestras de fachada una mano oculta les echó lejía, para matarles el color. Espero que en estas no hayan hecho lo mismo. Tenéis enemigos por el barrio? Estáis al corriente de pago de todo? Si nada más terminar las obras la van a llenar de grafitis por algo, debería saberlo.

Yo: Oye, y cómo es posible que tú con ese humor tan, tan, tan inglés, no hayas conquistado a un cuerpo serrano? A lo que vamos, que a mí me conste, no tenemos enemigos en el barrio. Pero pintar la fachada de blanco es como llamar a los grafiteros a gritos. Eso corre como la pólvora, y rápidamente se comenta por los barrios periféricos y tenemos los “Farlopa” tatuados en distintos colores y relieves. Y espérate que no tengamos algún desahucio y empiecen con la pega de papeles y colgada de pancartas. Dios no quiera y los bancos tampoco. Ya estás en pijama y con las zapatillas de cuadros? Espero no molestar. Paso de puntillas.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Quedada sin mi

Informe de Silvia tras una quedada: Buenos días amigos, no se cómo me he levantado pero aquí estoy en el trabajo. Toda una campeona. Para los ausentes (CV por enfermedad familiar, … y yo), un resumen breve redactado antes de que me quede dormida. Cuando salimos de Velate nos fuimos a tomar una copa a un bar próximo del que no recuerdo el nombre. Después el grupo de fue desperdigando, cada uno a su casa. Quedamos Irene, Miguel, el becario, mi hermana Ana y yo. Fuimos a otro local a tomar unas copas más, y ya de madrugada se terminó la noche. Muy divertida por cierto.

El becario se apunta al resumen, aportando su toque artístico y nos envía vía mail:
La cena bien. Lo de ir a Velate es lo que tiene. Éxito seguro. No es lo mismo si faltan algunos, como CV. Desde luego más tranquilos estuvimos, particularmente sin nadie que me de la brasa diciendo lo mayor que soy, las carnes que me faltan, el pelo que me deja, lo grande que me quedan los pantalones, y lo pijo, vago, maleante y liante que soy. Te deseo una pronta recuperación con tu mamá, pero eso sí, lejos.

A pesar de esta lamentable ausencia, todo bien. Los fijos muy correctos y las nuevas incorporaciones, aprobado con nota. Prudentes, integrados y sin crear polémicas. Irene sin móvil. Ahora que había conseguido una tarifa especial en la que la pagaban un euro por minuto hablado. Calcular. Las hermanas “sister” muy guapas las dos. Silvia con modelazo a lo Salomé ( “desde que llegaste sólo vivo cantando, hey, vivo soñando, hey…”). Por cierto, por la tarde estuve en el parque y se está poniendo muy complicado. Lleno de pitbulls, doberman…Cualquier día se meriendan a uno de los nuestros. Y lo malo es que ni nos enteramos. Y eso porque algunas están más pendientes de los amos que de los animales. “A” dando gritos entre los setos. Paseantes que te orinan en los zapatos. Otros trapicheando con droga. Vamos, un número. Propongo cambiar de parque y organizar otra quedada, a ser posible un jueves, para estrechar lazos y evitar que la panda se desintegre. Besos y abrazos para to2.

domingo, 23 de marzo de 2014

Momentos sin gracia

Sigo afónica. Lo he comprobado al intentar contestar al teléfono. No me salía la voz así que he tenido que hablar como si lo hiciera en secreto, susurrando. Menos mal que la conversación era con una de mis hermanas. En otro caso hubiera sonado raro. Tan raro como los comportamientos de algunos de los invitados en una boda. Cada una me aporta una experiencia más. Una anécdota. La de ayer no fue nada divertida. Yo desde luego no le encontré la gracia.

Mi papel el día de la boda es organizar la llegada de invitados y coordinar los tiempos de los distintos momentos. Si la ceremonia es en la misma finca que han alquilado los novios para la ocasión, dirigir a los invitados hacia el espacio donde se va a desarrollar la misma, estar pendiente de la llegada de la novia, avisar para que suene su canción en el momento oportuno, dar indicaciones al director del catering, y durante la cena, simplemente estar. Mientras los invitados disfrutan del menú, observar que todo va sobre ruedas y nadie está fuera de control. Un control que a cada tanto, alguien se empeña en descontrolar.

Ayer el descontrol llegó a la hora del postre. Los novios decidieron saltarse la tradición de cortar una tarta de pisos. Pretendían huir de tener en su álbum de fotos aquella con la espada empuñada por los dos, de pie, mientras el resto de los invitados vocearían un “que se besen con lengua”, a gritos. De esta foto se habían salvado, pero el que no se salvó fue el novio, cuando el listo del grupo decidió que había que desnudarle y embadurnarle con los restos de la cena previamente mezclados en una botella de dos litros. Premeditación y alevosía. Y así, con esta singular idea, además del novio, fue el baño de señores el que terminó encharcado con la espesa papilla.

Dí instrucciones para que nadie del servicio limpiase el cuarto de baño. No sería yo la que no permitiese que resbalasen los invitados con aquel suelo pringoso. Si había que reírse, lo suyo es que nos riésemos todos.
Yo era la responsable y desde luego, aunque tuviera que hacer frente a ciento sesenta invitados, tomaría cartas en el asunto.

Antes de mover ficha, paseé entre las mesas del salón. Observé movimientos. Discretamente escuche el siguiente plan a llevar a cabo por lo amigos. Esperé que el hermano del novio estuviese a solas y solicité su atención. Le ofrecía la posibilidad de salvar la fiesta antes que el instinto animal humano alcanzara una cota de alcohol no racional. Le aseguré que no iba a permitir otra como la que embadurnaba el cuarto de baño. Se disculpó y ofreció a limpiar personalmente el embrollo. Respondí que no sería necesario siempre y cuando me garantizase que aquella gracia de la que yo no me reía no se repetiría.
Fui hasta el baño con fregona y cubo, y en él se encontraba un hombre, calvo para más señas, limpiándolo con papel.
- Eres tú la encargada de aquí? - me preguntó.
- Sí.
- Pues que sepas que eres una pija.- Así me soltó, sin paños calientes, sin preámbulos, sin conocerme. A bocajarro.
Cogió la fregona que yo sujetaba entre mis manos y mientras la pasaba y repasaba por el suelo continuó escupiendo:
- Porque eres una pija. Una pija que se molesta por dar un par de pasadas a la fregona. – Y repitió tal calificativo al menos veinte veces más. Yo no me ofendí.
- Por cierto, puedes salirte del baño de caballeros? – me preguntó.
- No - respondí -. Aquí las normas las pongo yo.

Me miró con furia en los ojos mientras seguía girando la fregona. Y repitiendo otras tantas veces lo pija que le parecía que era. Le sugerí que dejase de fregar, que parecía lo suficientemente limpio, y me contestó que daría un par de pasadas más.

- Yo tengo que estar aquí toda la noche así que no tengo prisa.- Contesté pausada. Y me crucé de brazos cambiando el peso de mi cuerpo de la sandalia de tacón de mi pierna derecha a la izquierda.

La furia le salía por los poros de los pelos de la cabeza que no tenía.
Finalmente se arrodilló y con una toallita de papel de manos secó el suelo mojado.

El hermano del novio le había llamado la atención, eso estaba claro. Una broma de mal gusto podía provocar que finalizase la boda antes de tiempo, y si encima era una rubia en minifalda la que tomaba esa decisión, jodía. Y más, a un amigo inmaduro y calvo. El resto de los invitados, a partir del momento “fregona – baño”, empezaron a mirarme con intenciones que ni en sus mejores sueños podrían hacerse realidad. Joderme no les iba a resultar tan fácil, por no decir imposible, en todos los sentidos.

Otra de las veces en lugar de pija me llamaron pit bull (raza de perro para más señas). Y es que los invitados son la mar de ingeniosos en sus calificativos. Aquella vez se debió a que impedí que más de una docena de amigos lanzasen a la fuente de nueve chorros, al novio. Previamente éste había firmado un contrato en la que una claúsula establecía dicha prohibición. Pero enfrentarse a la pandilla de amigos en plena efeverscencia no es tarea fácil. Aunque exista prohibición de por medio. Y para eso estoy yo. Para impedir, que dentro del espacio que yo debo controlar, se olviden del saber estar. Se olviden de comportarse.

Los amigos cogieron al novio en hombros y a la voz de “al pilón” se dirigieron hacia la fuente que yo estaba custodiando cruzada de brazos. Nunca imaginé lo que una mirada puede intimidar. La mía. Pero lo hizo. Se frenaron en seco. No dije ni una palabra. Lo juro. Les había fastidiado la posibilidad de escalabrar al novio. Y eso era lo divertido. A sus ojos. No a los míos. Para quedar por encima de mí, o al menos intentarlo, me calificaron de raza de perro agresiva. Lo que hace el desconocimiento y la falta de educación. Yo no me reí pues no le encontré la gracia.

Otro día el padre de la novia pensaba que yo era la novia, pero la suya. Era un señor que yo creo que aparentaba más años de los que realmente tenía, aunque no se los pregunté. Tenía cara de buena persona y andaba como un pingüino. Pasito a pasito parecía que no avanzaba, pero cuando te querías dar cuenta se había alejado unos metros. Bastantes. Los suficientes para tener que echar una carrera si querías alcanzarle. Y eso fue lo que hice cuando su mujer me indicó que podía perderse. Tenía alzehimer. Y posiblemente no recordaría como volver.

Subí la cuesta que llevaba hasta el parking. El sol calentaba con fuerza. Me llevaba bastante ventaja, pero no iría muy lejos. Algo sofocada le alcancé.
- Puedo acompañarle?- Le pregunté.
- Sí, te esperaba – Me contestó con toda naturalidad.
- Pues volvamos juntos que ya va a empezar la ceremonia – añadí.
- Vale – me dijo. Y se agarró a mi brazo, como si fuéramos novios. – Así que nos vamos a casar? Pues vaya novia más guapa que me he echado!
- Sí, vamos de boda – y no añadí nada más.
Cuando bajamos todas las escaleras hice un guiño a su mujer, que preocupada le estaba esperando.
- Pero dónde estaba este hombre? – preguntaba en voz alta.
- Estaba dando un paseo – La contesté. Y la ofrecí el brazo de él para que fuera ella quien le orientara. Y el señor sonrió, sin saber si iba a ser el novio, el padre de la novia o un pingüino paseando bajo el sol de agosto. Nada tenía sentido en su cabeza y yo no quise darle vueltas a la mía. Esto tampoco tenía gracia.

Volví a mi trabajo.


sábado, 22 de marzo de 2014

Tengo una sobrina

Tengo una sobrina. Y esto es una gran noticia. Porque es especial. La encontré. Hay quien dice que la rapté. Tonterías. Estaba perdida. Su madre, mi hermana, la adoptó. Sugerí su nombre. Su madre la bautizó. Hoy es la futura heredera.

Todo empezó un sábado cualquiera del verano pasado. Empezamos a organizar el montaje de una boda en una finca en el campo. Las mesas rodaban, los manteles se estiraban, los platos se colocaban en su sitio. Después las copas, los cubiertos, servilletas y centros de flores. Y allí apareció ella. Tímida. Pequeña. Cubierta de espigas. La ofrecimos agua y comida. Bebió tranquila, sin asustarse. Y se sentó a observarnos. Seguimos trabajando. Cuando terminamos preguntamos a los dueños de las fincas próximas. Nadie había perdido un perro. Señal inequívoca que pronto tendría una nueva familia. Hoy se llama Cocó (hembra, de raza Yorkshire Terrier, y pelo jaspeado entre marrón y negro, para más señas).

Mi hermana no tenía claro lo de ampliar su yo. Lo de compartirse con un ser dependiente más allá de aquellas parejas que se cruzaban por su vida. Pero sucedió. Fue el destino. O fue el momento de querer de verdad.

La idea era que mientras mi hermana trabajaba, Cocó se quedase tranquila en casa. Hasta su vuelta a las tres de la tarde. Pero esa sólo era una idea. Estúpida por cierto. Ya que Cocó tenía otros planes. El primer día mi hermana la sacó antes de las ocho de la mañana para el primer pis. Las dos fueron juntas paseando hasta la zona de evacuación canina. Después volvieron a casa. Allí se quedó la pequeña, hasta el mediodía. Cuando mi hermana giró la llave, a su vuelta, se encontró con una realidad que jamás hubiese imaginado. Los papeles que había en la mesa, cientos por cierto, estaban en otro espacio. La tierra de las macetas abonaba aquellos papeles, que a su vez entarimaban el suelo. Huellas de patitas pintaban con tierra todos los muebles. Y los cojines. Y la tapicería del sofá. Cocó emocionada por ver de nuevo a su madre saltaba como loca sin ser consciente que aquella que se había quedado petrificada era la que hacía horas había decidido querer de verdad. Y ya no había marcha atrás.

Quería tener una responsabilidad en la vida, sin tener en cuenta que hay veces que la vida no te lo pone fácil. Y otras, Cocó.

Había que pensar un plan. Y éste estaba claro. Su abuelo se encargaría de ella en horario de trabajo. No puso demasiadas pegas. La pequeña se hacía querer, aunque tenía los mismos cambios de humor que su madre, mi hermana. El abuelo accedió a recibirla en su casa a primera hora de la mañana. Es más, permitía que se subiese a su cama. Después juntos desayunaban. Y tras el aseo, a la calle, a pasear. Y a hacer la compra juntos. Y al banco a ver si han ingresado la pensión. Y después a esperar la entrega del la comida diaria. Porque desde que empezó a tener el famoso “run run“ contratamos un servicio de catering a domicilio. Para controlarle la alimentación y asegurarnos que estuviese bien nutrido. Que con la edad ya se sabe. Y con la pereza también. Y eso que mi padre nunca ha sido muy doméstico, pero desde que su mujer, mi madre, decidió ser divorciada, no le quedó más remedio que cocinarse. Porque nosotras, sus hijas, no hemos salido muy de nuestra casa, que digamos. Algunas más. Las que más, menos. Y así él aprendió a prepararse lentejas, cocidos y patatas con costillas, por resaltar algunos de sus cocinados. Pero cuando empezó a encontrarse raro se abandonó. El primer diagnóstico del médico fue desnutrición y deshidratación. Así pues, no podíamos volver a permitirlo. Y a la hora en punto cada día le traen su servicio de comida y cena. Los siete días de la semana. Todas las semanas del mes. Salvo cuando tenemos otros planes y anulamos el pedido.
- A ver qué nos han traído hoy para comer Cocó.- Comenta el abuelo a la pequeña.
- Qué rico! Un guiso de verduras, ensalada y “cocretas”.- La explica. Porque para mi padre siempre han sido y serán “cocretas”. No hay forma de hacerle entender que dice mal esa palabra. Cuando le corregimos nos contesta un: - Yo las llamo así y punto. Si he dicho cocretas pues cocretas son. Sabrán igual las llames como las llames, no? Yo me entiendo”.- Y no hay más que hablar. Cocretas entonces.

Son las dos del mediodía. Se sienta a comer. Él en una de las banquetas de la Cocina. Cocó a sus pies. El único sonido que rompe el silencio es la radio. Y lo hace a gritos. Porque dice que sino no la oye. Yo creo que es escuchada por todo el bloque y algunas manzanas más allá. Para él no está alta. Aunque tampoco se entere de lo que dice. No presta atención. Pero necesita tenerla encendida. Será para sentirse acompañado. Será para no sentirse sólo. Será.

Cocó empieza a llorar. O a emitir un ruido que no llega a ser ladrido. Para llamar la atención. Para decir que la deje algo. Y el abuelo que ya ha dejado en el plato algunas cucharadas de guiso, desmenuza un poco de pan. Sólo la miga. Que a Cocó no le gusta la corteza. Y se lo pringa en la salsa. Y lo remueve. Después pone el plato en el suelo y Cocó empieza a comer.
Le hemos dicho que mejor se lo ponga en su comedero. Pero él responde que a su niña la gusta comerlo ahí. Y damos por perdida la batalla. De algún mal hay que morir.

A las tres de la tarde pasa su madre a buscarla. Bueno, a veces son las cuatro. Y pilla a los dos en plena siesta. Compitiendo en ronquidos. Otras veces mi hermana se inventa quehaceres y deja a su hija con el abuelo toda la tarde ó incluso algún que otro día seguido. Y entonces el abuelo se va de paseo a la alameda con “ la suya Cocó”. Porque él es “el suyo abuelo”. Y menudas charlas se pegan los dos. O mejor, menuda conversación tiene el abuelo con ella. Y así está entretenido. Olvida que a veces tiene un “run run” que a nosotras nos llega al corazón.

Tengo una sobrina. Y espero que sea la primera de un montón. Aunque tengan cuatro patas. Aunque tengan dos. Biko y Fecha tienen una prima, que se llama Cocó.

jueves, 20 de marzo de 2014

Mi voz no quiere hablar como yo

J: Buenos días, hemos quedado hoy en pasar a ver los avances de las obras esta tarde. Ya se te ha quitado la tos? Vuelves a ser tu misma?J.

Yo: Lo siento, yo esta tarde tengo reunión con una pareja de novios, así que no estaré con vosotros para compartir la merienda y el bocadillo de lechuga. Y no, sigo con una tos del carajo y la voz completamente ronca. Puedes seguir llamándome cariñosamente Manolo.

J: Pues nada Manolo, tu sigue sin ir al médico y tomando cosas frías.

Yo: Y el cartel? Ya está listo? Veras “tu Laura” cuando vea que no estas haciendo nada al respecto. Va a pensar que ignoras lo que te dice. No hay nada peor que empezar así una relación.

J: Anda, endósaselo a Alejandro, de la comisión. De lo contrario no le vamos a invitar a la mariscada que pagará la comunidad en breve. Debe estar deseando que le deis protagonismo. No me pongas una cruz más encima de las que ya llevo.
Bueno, mucha coña conmigo y Laura, pero por tu parte que?Habrá que afilar y sacarle punta a algo, o es que reservas tu intimidad?

Yo: Vale. Le paso a Alejandro el fono de “tu Laura” y que se ocupe. A ver si al final se va a ocupar de algo más y tenemos que tirarle por el balcón abajo por no guardar los turnos de conquista. Que el primero eres tú. Mariscada? De eso nada, a un vegetariano. Déjate de comer animalitos muertos. Mi vida y yo? Pues, ya sabes, uno, otro. No soy sentimentalmente de fiar. Buena tarde en el andamio.

J: Esta tarde me voy a un pueblecito de Jaén. Mi amigo tiene una carrera de caballos y le acompaño como ayuda desinteresada. Nos vamos a mojar seguro. Dan lluvias. Pero es lo que hay. Ahora contestas y me pones a parir por tener un amigo que tiene caballos. Que si somos unos pijos y bla, bla, bla. Claro, todo eso si te atreves.

Yo: No te preocupes, me encanta tener amigos pijos, con caballos, fincas, casas y pisos. Porque si son mis amigos algún día me invitarán, no?
Cada cual que sea como quiera. Eso sí, si vais a cazar, ni me lo digas porque entonces te miraré con otros ojos, y te aseguro que no te gustaría. No soporto a los cazadores hijos de cualquier desvergonzada. Tampoco a los que disfrutan viendo una corrida de toros o con el sufrimiento animal. Espero que no sea tu caso. No te pega nada pero, cruzo los dedos hasta que lea tu respuesta. Pásalo bien. Abrígate que luego mira lo que te pasará. Ronquera y toses. Yo mañana voy de boda. Buen fin de semana y tráeme algo.

J: Si fuera a cazar, a setas o a rolex, te lo diría. No voy a decir una cosa por la otra. Vamos a una carrera que se hace mañana y hay que salir hoy para llegar a tiempo. Espero volver mañana y no tener que quedarme hasta el domingo. Al final es un poco de paliza. No soy taurino. No voy a las corridas. Tampoco soy de los que se manifiesta en la Puerta del Sol. Creo que era en topless o algo parecido. Nunca ví esas fotos, ni se si se hizo tal manifestación. Miraré si hay algún souvenir, pero voy al medio del campo. Es posible que en breve ponga un examen sobre las actas de la obra. Ya sabes, 5 preguntas aleatorias sobre el contenido de lo que escribo y se puntúa sobre 10. Lo suelo hacer en todas las obras. Estos exámenes sorpresa figuran en el contrato, apartado décimo noveno. En caso de no superar la prueba se penaliza con un % de la obra. Revísalo que creo ese punto no te lo has mirado bien.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Detalles invisibles

Flecha tiene cita con el dentista. Tiene un diente roto y desde hace días más ennegrecido. He notado que a veces la duele. Sólo hay que observar. Al morder la pelota, la ha soltado tan rápido como si hubiese sentido un latigazo. Reconozco el dolor de una caries. Y el de los perros no va a ser diferente. Lo que no sabía es si a ellos también se les empasta. El veterinario me ha dicho que me deje de tontadas. Pero lo que sí hay que hacer es extraerle. Para evitarla una infección. Así pues hoy iremos a ello.

Vamos andando desde casa. Ella va tan contenta en su paseo. Los nervios vendrán luego. En cuanto cruzamos la puerta de la clínica. Huele a miedo. El mismo miedo que dan las consultas dentales humanas. O al menos a mí. Flecha se pone tensa. Quiere irse de allí. Y a toda prisa. Trato de tranquilizarla. El veterinario la agarra. Dice que tardará un par de horas. Tendrá que anestesiarla. Concretamente utiliza la palabra “gasearla”. La expresión de mi cara cambia tanto al oír esa palabra que el veterinario trata de explicarme que la entienda como sinónimo de adormecerla.
- Pero no la pasará nada, ¿no? – Pregunto asustada.
- Tranquila. Estará bien.- Contesta.
-¿ Seguro?- Insisto sin soltarla.
- De verdad. Vete tranquila.
Veo como Flecha sube a la planta de arriba. Estoy nerviosa y tengo miedo. Confío que no la pasará nada. Es un diente, me digo. Luego vendrá el ratoncito Pérez. Y salgo de la clínica a esperar en la cafetería de al lado. Aprovecharé para escribir.

Cuando voy a buscarla ya está lista. Tiene la carita que pone cuando quiere hacerse la buena o está malita. Parece una tontería pero es cierto. Igual que una madre controla los cambios en sus hijos, yo controlo los de la mía. Son detalles invisibles que sólo el instinto maternal sabe interpretar. Tiene caídas las orejas y los ojillos muy brillantes. Síntoma inequívoco que necesita mimos. El veterinario me dice que en una hora estará bien. Y que la ponga frío en la encía para ayudarla a cicatrizar. Volvemos andando. Flecha va despacio. Medio mareada. Como la vez cuando la esterilicé.

No medité demasiado la decisión. Tuvo los primeros síntomas de su primera regla y llamé a la clínica. Me dieron cita para los días siguientes. Hay quien dice que es cruel hacerle eso a un animal. Más cruel es abandonar a la camada, pienso yo. Tras siete horas de espera, entre operación y recuperación, pasamos a recogerla. Esta vez me acompañó mi hermana y su novio. No podía volver andando. Era demasiado camino hasta casa. Daba penita y risa al mismo tiempo. Continuaba medio adormilada y jodida. Con la panzita afeitada y una docena de puntos. Para que no pudiera lamerse la herida la habían puesto uno de esos collares isabelinos protectores de plástico. Quizá práctico, pero realmente incómodo. La ayudamos a subir al coche. Flecha no tenía fuerzas para impulsarse y fue un triunfo que subiese los tres pisos hasta casa. La acomodé en el balcón, donde hacía más fresco, y allí se quedó dormida. A cada rato me asomaba a comprobar cómo estaba. Si respiraba. No porque temiese que algo la pasara, el veterinario me confirmó que era muy improbable cualquier complicación, si no para acariciarla y demostrarla que yo la protegía. Que yo estaba con ella. Un detalle quizá invisible a la vista, pero no para los otros sentidos.

Y a veces son estos detalles invisibles los que se nos quedan tatuados en el interior. Tatuajes que los sentidos no ven pero que los ojos sienten. Como aquella mañana de verano que me encontré a mi ex por el barrio. Hacía meses que no nos veíamos. Justo los que habían pasado desde que me había dejado. Me escribió entonces en una nota que necesitaba ver su mundo desde otras perspectivas. Siempre le gustaba utilizar palabras complicadas para decir las cosas más simples. Con el paso del tiempo comprendí que lo hacía porque nunca tuvo los huevos suficientes para decir las cosas a la cara. Y con palabras rebuscadas le parecía que todo sonaba diferente. Aquel día era viernes. Un viernes maldito de agosto. Llevaba unos días encontrándome mal. Vomitaba por las mañanas. No tenía apetito. Creía que me dolía el estómago. Finalmente fui al médico. Medio en serio medio en broma, y tras narrarle mis síntomas, me dijo un “tú lo que estás es embarazada” que me dejó clavada. Como aquella caja de propaganda en el maletero de mi amigo Fernando. El me sonrió. Yo no lo hice. Síntoma que aquello no estaba planeado. Pero acertó. Y es que hacía meses, siete exactamente, o quizá ocho, puede que incluso fueran nueve (nunca he sido de memorizar fechas y esta vez no iba a ser una excepción) los que habían pasado desde que mi relación de cinco años había terminado. Y en este impás me había enrollado con un compañero de clase del master que, era de fuera, tenía novia y casi fecha de boda. Pero por eso de vivir sólo y compartir demasiado tiempo juntos preparando el proyecto fin de curso, lo uno llevó a lo otro. Después el se fue de vacaciones. Era un final acordado. Eran unos cuantos polvos y nada más. Pero ese nada a mí me quiso complicar.

- Hola – me dijo.- Qué tal? – preguntó mi ex
- Bien – contesté sin saber ni siquiera qué decía. Acababa de abandonar la consulta y aún me costaba digerir la noticia.
- Estas segura? No tienes buena cara.
- Sí, no. No sé. – Musité.
- Te conozco. Dime lo que te ocurre – Insistió.
Y porque me conocía, y porque me sentía bloqueada, estúpida y sola, se lo conté.
- Esta tarde salgo de viaje hacia el norte. A la casa que tienen allí mis padres. Quieres venirte conmigo el fin de semana? – me preguntó.
- Sí, no. No sé.- Volví a repetir.
- Venga, te recojo en una hora y hablaremos durante el viaje. Te despejarás.
- Vale- Añadí sin pensar demasiado.

No necesitaba mucha ropa para pasar dos días de verano. Mi equipaje era una pequeña bolsa de mano con lo justo.
Durante el viaje escuchamos música. No tenía ganas de hablar porque mis pensamientos estaban batallando dentro de mí. Demasiados por qués. Me centré en el paisaje y las canciones. Como esa del grupo los Despistaos que decía “… quería decirte, como te he dicho otras veces que pase lo que pase estoy aquí. Quería contarte que es muy fuerte esto que siento…” Y yo muerta de miedo con mi explosión de sentimientos.

Llegamos al anochecer. Justo a tiempo para cenar algo. Un algo que se me atragantaba en la garganta. En la habitación con dos camas de noventa nos instalamos. Meses atrás hubiéramos dormido los dos juntos en una. Compartiendo cada centímetro de sábana, cada bocanada de oxígeno. Ahora éramos ex y su piel ya no era mi piel. Me abracé a mi almohada y dejé que las lágrimas, esas que había estado luchando por contener, me ahogaran. Pero no fueron suficientes, porque el amanecer me despertó y seguía respirando.

Aún era temprano para levantarme así que me giré esperando dormirme de nuevo y que al despertar todo hubiera cambiado.

Un aliento conocido se hundió en mi pelo. Un cuerpo acreditado se coló en mi espacio. Y me abrazó. Poco a poco nos quitamos la ropa. Sin saber si deberíamos o no. O al menos sin pensarlo. Hoy no recuerdo si echamos un polvo o simplemente hicimos el amor. Pero sí se que le dije un te quiero despacio y él no me respondió. Entendí entonces que los detalles invisibles son importantes. Y él y yo teníamos los momentos contados. Pasase lo que pasase, él ya no estaría ahí.

Al día siguiente me dijo que me acompañaría a la clínica en la que abortaría. Y así lo hizo. No sé si por remordimiento o por quedar bien. Pero ya no me importó saber su por qué. Me recogió, esperó en silencio y me acompañó de nuevo a casa. Después se fue. Y lo hizo para siempre. Qué extraña fue la forma de dolerme por dentro y por fuera. Nos dejamos. Nuestras pieles dejaron de hablar. Me dolía al respirar. Finalmente no sentí nada. Y olvidé los detalles invisibles de una vida compartida. Ya no nos quedaba ni ser amigos.